Que rápido pasan las vacaciones. Que poco nos dura el efecto sorpresa y curioso de descubrir nuevas ciudades. Y que rápido nos atrapa la rutina.

Estas últimas semanas las hemos pasado viajando por las tres ciudades bálticas por antonomasia. Y aunque este blog se centra en lo profesional, voy a utilizar como excusa que es agosto y que me apetece escribir sobre el viaje para hacer una pequeña guía de impresiones, catedrales y rincones. Antes de empezar, es importante remarcar que este viaje que nos lo recomendaron Andrés y Ale, que lo habían hecho el año anterior; así que todos sus consejos y recomendaciones sirvieron como base para el nuestro. ¡Muchas gracias pareja! , vuestra ayuda ha sido indispensable para elaborar esta pequeña guía.

Lituania es el país más grande de las tres repúblicas bálticas, y su capital, Vilnius, destaca por ser la ciudad más acogedora y más tradicional de las tres. La gente no sonríe por la calle, llueve a menudo y este final de julio haya sido muy caluroso. La ciudad es gris y todas las tiendas abren a las 11h y cierran a las 19h. El transporte público es de lujo, y las redes wifi abiertas una bendición, aunque los coches (taxis sobre todo) van a un poco a lo loco.

  • Colina de Gedimín: Desde la plaza de la Catedral se puede observar tanto el monte como la Torre que la corona. A ella se puede acceder o bien vía funicular (justo detrás de la colina, en sentido opuesto a la Catedral), o bien a pié por un camino empedrado. Nuestra recomendación es subir por el rápido funicular y bajar a pie, aunque si llueve, ojo con los adoquines, que resbalan.
  • Iglesia de Santa Ana: Nosotros la visitamos un día entre semana y fue uno momento hipnótico, sobre todo por lo diferente de esta edificación en comparación con el resto de edificios. La teja roja y su forma angulosa la posicionan dentro del top de iglesias para casarse de los lituanos.
Iglesia de Santa Ana

Iglesia de Santa Ana

  • República de Uzupis: Este barrio merecería un post solo, pero vamos a intentar resumir tanto la filosofía de esta zona como su pequeña historia. En 20 años esta zona ha pasado de ser unos de los barrios más conflictivos y con más asaltosa uno de los centros artísticos de la ciudad. No se trata de gentrificación, sino de algo más: la creación de una comunidad artística libre y comprometida con su ciudad, pero también activa y reivindicativa. Para acceder a ella debes cruzar el Río Vilna a través de alguno de sus puentes llenos de candados. Es muy interesante, por otro lado, la constitución que han creado y toda la narrativa y ceremonia alrededor de su República. Cabe mencionar que el barrio está lleno de talleres de artes, estudios de arquitectos, diseñadores y gente diversas que convive con mucha integración. Todos bajo la misma constitución que contiene 41 puntos y que empieza con “Todos tienen derecho a vivir cerca del río Vilnelé y el río Vilnelé tiene derecho a fluir cerca de todos.”
  • Excursión a Trakai: A media hora en tren se encuentra este pueblo anclado entre dos grandes lagos, llenos de casitas pintadas de diferentes colores y mucho verde. Esta es una de esas excursiones que te sitúan en un punto totalmente distinto y con una temperatura igualmente distinta. Cabe decir que a nosotros nos llovió casi todo el día y eso nos dejo con ganas de alquilar un monopatín de agua o unas bicicletas.  A la vuelta de la excursión, recomiendo tomar algo en alguno de los bares que se ven desde los trenes y que, aunque no están exactamente dentro de la estación, quedan cerca de unas vías antiguas. Bares modernos y donde la gente se pasa después de trabajar para tomar algo. 
Las casitas de madera de Trakai

Las casitas de madera de Trakai

Uno de los lagos de Trakai

Uno de los lagos de Trakai

  • Guat de fud? Pues la comida es de lo más variada (aunque la patata es la reina del baile) y con un rango muy amplio de precios. El plato estrella son los Cepelinai, un tipo de dumpling, aunque a mi me pareció más como una bomba confitada rellena de carne picada (en este caso nada picante). Y la sopa fría estrella es Šaltibarsčiai de la que me enamoré desde el minuto 1. Remolacha, eneldo, pepino, huevos, cebolleta, agua o leche y poco más. En Trakai probamos kibinais, unas empanadillas rellenas de casi todo lo que quisieras, tanto saladas como dulces.
Šaltibarsčiai o saltimbanqui

Šaltibarsčiai o saltimbanqui

 

Riga nos pillo un poco desprevenidos. Veníamos de un pequeño oasis verde, con poco turismo y mucha tranquilidad, para llegar a una capital que se sabe artística y que explota mucho más al visitante que su vecina del sur. Riga es la más rusa de las ciudades bálticas: se nota en su idioma, en su mercado, pero también en su ostentosidad y magnificiencia. Existe también una Riga tranquila de calles anchas y grandes sin adoquines más allá del río Daugava.

  • Barrio Art Noveau: Uno de los principales atractivos de la ciudad es que es la mayor concentración de edificios con este estilo de toda Europa con más de 750 edificios modernos.
  • Catedral ortodoxa de la Natividad de Cristo:  Situada en el parque Esplanāde, es una de esas obras de arquitectura que no pasa desapercibida. No, desde que decidieron recubrir una las cúpulas de una pintura amarillo que brilla una barbaridad ya de por si, pero cuando hay sol se eleva a obra de arte. Los rusos tuvieron esa manía de reformar y dar otro uso a las iglesias, así que, durante la ocupación soviética, la catedral fue desde un planetario hasta un café     
  • Mercado central: De influencia rusa, esta es una de esas joyas por las que vale la pena perderse. Entre flores, bayas de frutos rojos, cerámica y hasta mujeres que sostienen ellas mismas, en perchas, las prendas de ropa que venden.
  • Zona de la Iglesia de Gertrudis: En medio de algunas islas de casas, y edificios anodinos se alza esta iglesia como si nada fuera con ella, como si ella ya estuviera allí. La zona es tranquila llena de tiendas diversas, restaurantes interesantes,  librerías (Robert’s books es imprescindible y además se pueden encontrar mapas con información local muy útil) y el Noam Chomsky, nuestro bar favorito, con apariencia de casa okupa y clientela universitaria.
  • Excursión a Jürmala: Sobrevivir en la estación de trenes ya es una odisea, aunque a partir de allí todo es bastante fácil, ya que hay diversas estaciones que te dejan en la zona de Jürmala , como Majori. Allí lo que más vale la pena son las casas de auténtico lujo de los antiguos rusos ricos que venían a veranear , el enorme parque y la calle central.
Jurmala

Jurmala

 

  • Iglesia de San Pedro: Es imposible no hablar de la magnificiencia de esta iglesia, ni de la torre del campanario, que interpela a cualquiera.
  • Guatdefud? Pues aquí tampoco nos enamoramos de ningún plato o restaurante en especial. Si nos llamó la atención el Folkklubs Ala Pagrabs, un restaurente-bar-sala de conciertos situado en el sótano de la calle Peldu 19. Una gran cantina de techos abovedados donde se comparte la mesa de madera y se come más que digno a muy buen precio.  

De Riga nos fuimos con una sensación rara, de tiempo cambiante cada hora, casi de inestabilidad. Y llegar a Tallin fue sentir el frescor de primavera de nuevo. Esa sensación de “con una chaquetita estoy mejor”. El barrio en el que nos hospedamos, Kalamaja, a 10 minutos a pie del centro, es uno de los barrios que se están revalorizando por momentos; fue un balsa de aceite donde impera el silencio y las grandes naves industriales, que se convierten en centros artísticos, restaurantes escondidos dentro de los patios interiores de los edificios y tiendas de segunda mano (¡que perdición!). Tallin tiene un poco de todo: de diseño escandinavo, de pasado medieval, muy presente en el centro; diseño de pasado soviético, muy presente en las afueras; también muchas ganas de cambiar y de encontrar su lugar en el período más largo de independencia que ha tenido.

Museo de Nukus 

Museo de Nukus 

Tallín

Tallín

  • Museo Nuku: Desde el barrio de Kalamaja al centro es casi imposible no ver este museo dedicado a las marionetas. Y aunque el público objetivo son los niños, un adulto también se lo puede pasar en grande, os lo aseguro. Enigmas, sala audiovisual con un recorrido por la historia de las marionetas estonas. Aunque lo mejor está en el sótano… Y hasta aquí puedo leer (hay un espacio dedicado al noble arte de dar miedo).
  • Catedral de Alejandro Nevsky: Ya, ya: tengo un fetiche por las catedrales rusas, pero es que a nivel de comunicación y visibilidad siempre lo hicieron muy bien. Esta en concreto fue construida justo delante del Parlamento de Estonia, para que fuera lo primero que vieran los políticos.
  • Museo Kumu: Impresionante museo, se vea por donde se vea. Tanto por las instalaciones de juego que hay antes de entrar como por el interior, donde el arte y la historia se mezclan con lo nuevo y lo viejo, la modernidad y lo clásico. Un lugar que no hay que perderse en una visita corta en Tallín. Pequeña recomendación: la cafetería del museo cuenta con unos helados italianos que rematan la visita y la posicionan en el top del viaje
  • Barrio de Kadriorg: O una demostración de la opulencia de los zares rusos recuerdo de Pedro El Grande. Pasearse por sus calles es quedarse maravillado e imaginar un pasado mucho mejor para algunos. A destacar el precioso estanque, así como la zona verde que lo rodea: un pequeño paraíso ideal para tumbarse a descansar después de un largo día en el museu.
  • Guatdefud? Descubrimos dos rissottos que nos dejaron con una sonrisa de satisfacción importante: el de remolacha picante y el de guacamole. Dos aciertos. Indispensable ir al Kompressor y pedir un crepe enorme, del que comen dos personas perfectamente. En la zona de Kalamaja los restaurantes son bastante top (más allá del F-Hoone que es uno de los reclamos turísticos hipsters del momento). Vale mucho la pena el Season y el Kivi Paber Käärid (piedra, papel, tijeras), donde degustamos dos de sus rissottos -remolacha y guacamole.

 

En resumidas cuentas: los países bálticos son un destino ideal si se quiere hacer un viaje european friendly que a la vez sea diferente y, si se prepara bien, bochornosamente barato. Lo único a tener en cuenta son los tiempos: Vilnius y Tallinn merecen más horas y más dedicación que Riga, aunque es indispensable parar en la ciudad letona un par de días -aunque solo sea porque Noam Chomsky se ha enamorado de ti.

 

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